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eNie dE eLeFaNte

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Me prestó su regla y comencé a medir. Todas las parcelas de mi mundo tienen algo suyo.
Al abrir las puertas un calor abrasador me absorbió hacia adentro. No pude más que dejar rodar las pupilas (y arrastrarse los párpados –bien abiertos-) (y la cabeza) por el umbral. No pude más que descalzarme y permitirle al viento el traslado. Que chupe / succione brazos y después ombligo. Y el sexo, y los dedos de los pies, en diacronía. De ahí en más, los relojes dirán que no estoy, o que no estaré. Y no valdrá, afuera, jugar a príncipes azules con mis pantuflas.

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