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eNie dE eLeFaNte

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recordaba palabras en diferido
recortadas por una puerta
por una llama
por un “va de nuevo” nuevo
páginas del libro blanco aún más blanco
las lágrimas nunca paridas
o todavía.

mapa

voy a escribir
un libro de viajes
donde guardar
todas las letras de la espera
todas
todas las letras
del abrazo que me falte
todas las letras que sirvan para contarme
todas
todas las letras
que me guarden yo
ahora
ésta
la que no volveré a ser

El viaje

Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien.
Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al final de sus días, mueren queriendo alzar los brazos.
Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre la vida.

de Bocas del tiempo
Eduardo Galeano

Carta respuesta

Qué relieve sería capaz de atravezar
ahora que soy Argos y quiero ser Edipo/
O Tiresias si pudiera adivinarte (el vuelo del pájaro, tu entraña) /
una mujer y veinte mil leguas submarinas
(20 horas, 20 años)

Qué distancias recorrer para (no) seguir siendo extranjera
una lengua, una carne/
un idioma nomio
aún
- me extrañas.


Gabriela Carrión

desbordaron ríos

quise imaginar cómo sería el movimiento de las manos
qué olores tendría el aire
qué ojos o qué gritos
en qué hueco acomodaría el cuerpo
la última vez que hubiere brazos
cuánto costará (después)
mandar en sobres el tacto / la lengua / el cielo
mi intemperie
y todas las lluvias con sol
hasta que vuelva.

Anécdota

Vinculada a.
Vinculada en.
Nunca jamás, vinculada con.

Dibujo de Alejandra Pizarnik

Dibujo de Alejandra Pizarnik

Vous pouvez parler plus lent?
- Je peux te parler plus lent, très lent, autant que mes paroles deviennent dans murmures. Je pourrais te parler autant lent que tu ne écoutes même pas le larmoyer du silence. Tu écouteras mon souffle, l’effleurement de mes lèvres quand ils te prononcent, seulement. Et puis, dans cette lagune de mots, je boirai à petites gorgées tes lettres, toutes.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

cambiamos poros piel pielícula
lengua gesto / cuerpo texto
estigma
cita a deshora

película / filme
historia balbuceada en la piel
historieta / historiecita nuestra
piel película
cuento-mito-fábula babélica
somos leyenda
un siempre impúdico blablá.

.

vista la luz en los ojos
tuyos
de ella
en el reflejo diferido

vistos mil mapas
vistos mis mapas
los tuyos
los de ella

ver el espejo y vacío
detrás del vidrio
alguien mira
-cíclope-
y no puede ver
ni querer
tanta cartografía
tanto iris de más.

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todas las lágrimas, y las manos.

chin/chin

.

me dio su lengua y perdí
/ mi cuerpo

le di el cuerpo.
Cambiamos: piel por mundo.
Tejido entramado atraviesa perfumes
se le caen
las letras

los dos compardimos.

,

Yo inventaba hombrecitos y los ordenaba en filas.
Después, ellos se soltaban las manos, se dispersaban, mutaban en muñecos malditos y me perseguían.

Un padre y una madre centauros contemplan a su hijo, que juguetea en una playa mediterránea. El padre se vuelve hacia la madre y le pregunta: ¿Debemos decirle que solamente es un mito?

Kostas Axelos
de Las trampas mitológicas
en El lenguaje y los problemas del conocimiento

Imaginar la mudez de gritar ruidos sordos cuando las manos se hayan quedado ya sin espacios incógnitos.

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.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.

Me prestó su regla y comencé a medir. Todas las parcelas de mi mundo tienen algo suyo.
Al abrir las puertas un calor abrasador me absorbió hacia adentro. No pude más que dejar rodar las pupilas (y arrastrarse los párpados –bien abiertos-) (y la cabeza) por el umbral. No pude más que descalzarme y permitirle al viento el traslado. Que chupe / succione brazos y después ombligo. Y el sexo, y los dedos de los pies, en diacronía. De ahí en más, los relojes dirán que no estoy, o que no estaré. Y no valdrá, afuera, jugar a príncipes azules con mis pantuflas.

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después de tu estrepitosa mudez
tuve que preguntarme
(y velar por una urgente respuesta):
de mí
qué era lo que faltaba restar

para deshacerme
(el caos)

para ya no tener qué más
mutilarme.

"Me horroriza mi lenguaje. Miento todo el tiempo. Si hablo miento. Hay que averiguar por qué. Hay que demorarse. Me gustaría escribir en forma muy simple y clara. Basta de retórica... Me pregunto cómo hacen los demás para soportar el hecho de vivir. Esta es otra cosa que sería bueno averiguar."

&quot;Me horroriza mi lenguaje. <strong>Miento todo el tiempo</strong>. Si hablo <em>miento</em>. Hay que averiguar por qué. Hay que demorarse. Me gustaría escribir en forma muy simple y clara. <strong>Basta de retórica</strong>... Me pregunto cómo hacen los demás para soportar el hecho de vivir. <strong>Esta</strong> es otra cosa que sería bueno averiguar.&quot;

11 de julio de 1965
de Diarios
Alejandra Pizarnik
(póstumo)

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Nada en la noche pronuncia tus nombres
tus infinitos seres a mi lado.

1, 2, 3…

1, 2, 3…

Jugábamos con la burbuja de los días: tus manos / mis manos / tus manos.
No la sueltes, no la quiebres, no abismes. No mueras las voces del oasis.

El erotismo está ligado al conocimiento de la muerte

La muerte está asociada a las lágrimas y a veces el deseo sexual a la risa. Pero la risa no es, en la medida en que parece serlo, lo contrario de las lágrimas: tanto el objeto de la risa como el de las lágrimas se vinculan siempre a una especie de violencia que interrumpe el curso regular, el curso habitual de las cosas. Las lágrimas se vinculan habitualmente a acontecimientos inesperados, que nos desolan, pero por otra parte un acontecimiento feliz e inesperado nos conmueve hasta tal punto que en ciertas oportunidades lloramos. Es evidente que el desorden sexual no nos produce lágrimas, pero siempre nos trastorna, a veces nos devasta y una de dos: o nos hace reír o nos compromete en la violencia del abrazo.
Es difícil percibir clara y distintamente la unidad de la muerte, o de la conciencia de la muerte, y del erotismo. En su comienzo, el deseo exasperado no puede oponerse a la vida, que es su resultado. El momento erótico es la cima de la vida cuya mayor fuerza e intensidad se muestran en el momento en que dos seres se atraen, se acoplan y se perpetúan. Se trata de la vida, se trata de reproducirla, pero reproduciéndose la vida desborda: al desbordar alcanza el extremo delirio. Esos cuerpos mezclados, que se tuercen, que desfallecen y se abisman en excesos de voluptuosidad, van en sentido contrario al de la muerte que más tarde los consagrará en el silencio de la corrupción.

de Las lágrimas de Eros (1968)
George Bataille