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Se juntan desnudos

Se juntan desnudos

Dos cuerpos que se juntan desnudos

solos en la ciudad donde habitan los astros

inventan sin reposo el deseo.

No se ven cuando se aman, bellos

o atroces arden como dos mundos

que una vez cada mil años se cruzan en el cielo.

Sólo en la palabra, luna inútil, miramos

como nuestros cuerpos son cuando se abrazan,

se penetran, escupen, sangran, rocas que se destrozan,

estrellas enemigas, imperios que se afrentan.

Se acarician efímeros entre mil soles

que se despedazan, se besan hasta el fondo,

saltan como dos delfines blancos en el día,

pasan como un solo incendio por la noche.

de Amantes
Jorge Gaitán Durán

La que no está

Ninguna tiene tanto éxito como La Que No Está. Aunque todavía es joven, muchos años de práctica consciente la han perfeccionado en el sutilísimo arte de la ausencia. Los que preguntan por ella terminan por conformarse con otra cualquiera, a la que toman distraídos, tratando de imaginar que tienen entre sus brazos a la mejor, a la única, a La Que No Está.

de Casa de Geishas
de Ana María Shua -1992-

Teóloga

En el siglo Vll después de Cristo, un grupo de teólogos bávaros discute sobre el sexo de los ángeles. Obviamente, no se admite que las mujeres (por entonces ni siquiera era seguro que tuvieran alma) sean capaces de discutir materias teologales. Sin embargo uno de ellos es una mujer hábilmente disfrazada. Afirma con mucha energía que los ángeles sólo pueden pertenecer al sexo masculino. Sabe, pero no lo dice, que entre ellos habrá mujeres disfrazadas.

de Casa de Geishas
Ana María Shua
1992 - Editorial Sudamericana

...

...

Te llevas contigo un reflejo de mí, una parte de mí. Había soñado contigo, deseaba que existieras. Formarás siempre parte de mi vida. Si te amo será porque hemos compartido en algún momento las mismas fantasías, la misma locura, el mismo escenario.

Anaïs Nin

Dicotomía incruenta

Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.
Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.
Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.
Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

Juan Gelman

Poco se sabe

yo no sabía que

no tenerte podía ser dulce como

nombrarte para que vengas aunque

no vengas y no haya sino

tu ausencia tan

dura como el golpe que

me di en la cara pensando en vos

Juan Gelman

8

Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo –me pregunto-- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un de una falta de tacto...
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquella desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, esta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abuse de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. E1 hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto mas insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.

de Espantapájaros
Oliverio Girondo

Sefiní

basta por esta noche cierro

la puerta me pongo

el saco guardo

los papelitos donde

no hago sino hablar de ti

mentir sobre tu paradero

cuerpo que me has de temblar

Juan Gelman

Muertes Privadas

I

Era necesario volver para suspender por un tiempo el tránsito.
Era necesario el tránsito para acercarme a aquellos espacios nuestros.
Eran necesarios aquellos espacios nuestros para viajar de nuevo siendo yo, o al menos para llegar no siendo la que me odiaba.
Era necesario, primero, ser la odiosa para animarme a volver.

II

Molestó el viaje. Recortó otras criaturitas con otras tijeras (puntudas). La puerta arrimada hizo que el viento tumbara las macetas. Yo le había dicho a T que no quería que pusieran flores bicolores, que no era necesario, que total la cinta ya se había grabado. No me escucharon, pensé. El viento se encargó de atrasar un poco los relojes.
No me regocijó el recreo. Cuando salí corriendo sin querer(me) todavía estaba deglutiendo odios. Había vuelto, pero los rostros, las voces y las manos que debían tocarme y reconocerme ya no estaban.

III

F me dijo que somos una red sistemática de asesinos seriales. Que nos vamos matando, nosotros mismos a nosotros mismos, cada instante. "Es distinto al suicidio -insistía- por más que sea uno mismo el asesino." En estos homicidios uno mismo se mata a sí mismo y lo sustituye, al igual que un signo a otro en la transducción. Después, uno mismo vendrá a matar al sí mismo cuyo lugar ocupa uno mismo desde que mató al sí mismo primitivo. Es así como constantemente podemos estar muriendo por nuestros mismos nosotros, sin que necesariamente lo advirtamos.
Morimos a cada instante con nuestros propios móviles de muerte y previa tortura. Pero también están aquellos que en determinado momento no pueden volver a matarse a sí mismos porque otro (que no es de los mismos) se encarga suciamente del proceso. Entonces uno mismo no puede matarse porque ya está muerto. Esta es la muerte del dolor, de la impotencia, la imposibilidad de gobernar uno mismo los tiempos de sus propias muertes.
Otro de los problemas de este tipo de asesinatos es que, si ocurren, los testigos del lado de la víctima se matan a sí mismos tan en serio que, cuando se sustituyen, ya ni siquiera conservan el poder de escribir el propio nombre con alguna certeza.

IV

Alguien secuestró las manos que estaban esperándome. Entonces sin dudarlo una otra de las mías vino a matarme. “Fui a matar a la yo que ya no era”, contaba en los noticieros.
Yo le dije que para mí todavía era muy pronto, que me dejara un rato más, que no hacía ni dos lágrimas desde que había llegado yo a exterminar a la de antes.
“Y toda ella murió por esas manos, y se olvidó su nombre” seguía relatando, indiferente.

Los amantes

¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos ?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócritas
y les impone los deberes cotidianos.

Julio Cortázar

un cronopio...

"No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre,
que cada cosa cruel sea tú que vuelves..."

Julio Cortázar

.-.-.

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.

Oliverio Girondo

.

1

sólo la sed
el silencio
ningún encuentro

cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra.

de El árbol de Diana
Alejandra Pizarnik

.-.-.-.-.

"Uno no se mata por el amor de una mujer. Se mata porque un amor, cualquier amor, le revela su desnudez, su miseria, su inermidad, su nada..."

Césare Pavese

Para la cátedra de Historia

Hace unos quince mil millones de años según dicen los entendidos, un huevo incandescente estalló en medio de la nada y dio nacimiento a los cielos, a las estrellas y a los mundos.
Hace unos cuatro mil o cuatro mil quinientos millones de años, años más, años menos, la primera célula bebió el caldo del mar y le gustó y se duplicó para tener a quién convidar el trago.
Hace unos dos millones de años la mujer y el hombre, casi monos, se irguieron sobre sus patas y alzaron los brazos y se abrazaron y se entraron y por primera vez tuvieron el pánico y la alegría de verse cara a cara mientras estaban en eso.
Hace unos cuatrocientos cincuenta mil años la mujer y el hombre frotaron dos piedras y encendieron el primer fuego que los ayudó a defenderse del invierno.
Hace unos trescientos mil años la mujer y el hombre se dijeron las primeras palabras y creyeron que podían entenderse. Y en eso estamos... en eso estamos todavía, queriendo ser dos, muertos de miedo, muertos de frío, buscando palabras.

de Eduardo Galeano

Los amantes ruedan en círculo porque no pueden quebrar la inercia de su propia prisión

Los amantes ruedan en círculo porque no pueden quebrar la
inercia de su propia prisión.
Cavan, ondulan, corcovean, se mezclan girondianamente, gozan.
Siempre detrás de las paredes o el cristal. A veces sueñan
romper con la rutina, pero ellos,
evocan la prisión.
(Los caballos se llevan el otoño)
Los amantes hieden a rituales secretos. Buscan lo inacabado
Se derrotan de a ratos,
porque de a ratos,
la realidad les tira de los brazos.
Es así.
Casi siempre es así.
Los amantes actúan cobardemente. Se sostienen en otros que
soportan la traición.
La piedra del escándalo sobre la noche en celo,
después
seguirán rodando hasta el hastío.

HUgo Rivella

Besos

La vida no es
la cara ni el llanto de la cara
ni la mano ni el golpe de la mano en la cara
ni el viaje de la mano ni la estéril huida de la
cara

es el hilo de sangre que sale de tu boca.

de Sordomuda, 1992.
Jorge Boccanera

tamaño del odio

hay los de peleas/
sanas importantes ignorables
hay los de esperas/
largas continuas agotables
hay los de celos/
indefensos posesivos aguantables
hay los del olvido/
sigiloso ausente perdurable
hay los del silencio/
opresivo incomprensivo saludable
hay los del vacío/
espacioso impotente achicable

hay los de presencia / hay de ausencia
hay de sobras / hay de faltas
hay de caricias / hay de vientos
hay de palabras / de bocas cerradas

los hay gigantes pequeños medianos/
extremos (y no tanto)

hay de lluvia
de sol
de media tarde

hay de niebla
de luz
de nubes grandes

hay. es así.

pero quiero que sepas
que el tamaño de este odio que me inspiras
apenas (y a duras penas)
casi si equivale
al tamaño de cada paso que va a caminar
la hormiga muerta
que -sin darme cuenta-
estampé en la alfombra.

·

Porque la verdad es que nadie sabe a ciencia cierta hacia donde conduce un camino.
La señal estuvo un tiempo torcida. Alguien jugó con aerosol sobre las letras. Yo caminé siguiéndote.
La niebla estaba en el asfalto. Nunca se llega a ver lejos. Se alargaban las sombras de los árboles. Ya no se oían las bocinas. Yo caminé siguiéndote.
¡Alto ahí! ¡Nadie se mueva! ¡Esto es el beso último!
Yo te seguía. Y vos, sin mencionar excusa alguna, me dejaste parada en la esquina donde las palabras que no dije dejan de ser postergadas para ser nuncas. En la esquina donde dejamos de ser nosotros; y fuiste vos, y fui yo otra vez. Ahí, sentada en el cordón de la vereda en la que el sentimiento pasa a ser recuerdo. Sentada al lado del bollito de esperas, de siempres siempre vírgenes, del charquito de paciencias en vela; con los pies a la izquierda de la mancha de mentiras prostitutas.

uno de los nuestros..

Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el áfrica, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Oliverio Girondo