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eNie dE eLeFaNte

dónde buscarte?

escribo y voy creando nuevos lugares para que te escondas.

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la gota se debate seres infinitos

Temblor del cielo

Y ese juego que habéis creído que es el juego de la vida, no es sino el juego de la muerte.
He ahí al hombre sobre la mujer desde el principio del mundo hasta el fin del mundo. El hombre sobre la mujer eternamente como la piedra encima de la tumba.
No otra cosa sois que la muerte sobre la muerte.

Vicente Huidobro. Fragmento.

hija del viento

...
pero hace tanta soledad
Que las palabras se suicidan.

Alejandra Pizarnik
de Las aventuras perdidas (1958)

un chilenito

Semperiva
ivarisa tarirá
Campanudio lalalí
Auriciento auronida
Lalalí
Io ia
iiio
Ai a i ai ai i i i o ia.

Fragmento de Altazor, Canto VII
Vicente Huidobro

Argentina. Un cacho de cultura

La idea de que la cultura es como un traje con el que alguien se viste para quedar bien en una fiesta es la idea de cultura que quedó tras 30 años de empobrecimiento cultural. Pensar que la cultura es importante, pero que existen otras prioridades, es como decir que no es el momento de usar traje, sino mameluco. Es una idea pobre de la cultura, pero en realidad es la que está instalada en la mayoría de las cabezas. Es tan simplista, que hasta es posible pensar que cuando Torcuato Di Tella lanzó esa frase, lo hizo con un sentido irónico.
Mucha gente cree que es importante decir que la cultura es importante, que hay que decirlo porque también viste. ¿Y por qué es importante, si hay gente que no tiene para comer? Pero resulta que el hecho de que haya gente que no tiene para comer también es un síntoma del empobrecimiento cultural de la sociedad, además del material.
Cuando Carlos Menem decía que “pobres hubo siempre” estaba creando el contexto cultural para que haya pobres hasta el fin de los tiempos, trataba de construir un sentido común que aceptara que la pobreza es natural y, por lo tanto, sólo es problema para los pobres y que, a su vez, la existencia de los pobres es una condición para la existencia de los exitosos que no son pobres.
La misma sociedad que dice que la cultura es importante se porta como el flaco que se sabe los últimos libros que se han publicado y los enumera como erudito con los amigos en una reunión el sábado a la noche. Pero no los ha leído más allá de las solapas. Es decir, un cacho de cultura sirve para quedar bien, para mostrarse informado y no para ser mejor. Esa también es una forma de cultura.
Es una sociedad que necesita del Estado para recuperar su economía, pero piensa al mismo tiempo que todo lo que provenga del Estado es nefasto. Es una sociedad que fue convencida de que debía privatizar hasta el agua de los jarrones y que fue preparada para esperar el derrame de los beneficios que le proporcionaría esa especie de apertura boba. Eso también es una forma de cultura. Es una sociedad cuyo destino pasa por asociarse con los países vecinos de América latina, pero que sigue empeñada en reflejarse en espejos imposibles. Es decir, es una sociedad que piensa al revés de lo que necesita, que fue convencida para pensar según lo que necesitan los que se favorecen cuando ella se perjudica y que produjo, sobre esa base, un sistema de creencias, valores y códigos bien amasados en un sentido común de la época.
Así como la cultura tiene que ver con las formas de rebeldía, también se expresa en las formas de convivencia. Y en el núcleo de ese sentido común hay un autoritarismo persistente que salta a la superficie en cada situación difícil o de conflicto y que básicamente es el resorte de supervivencia de un sistema injusto. Un resorte que puede provocar convocatorias masivas con este contenido pero que califica de populistas a las convocatorias masivas que tienen un sentido democrático.
En realidad, la cultura es un embrollo y transcurre en un escenario que no es solamente el del Teatro Colón, sino que es el escenario de la vida. Un escenario de pujas y confrontación de ideas, de recreación permanente del imaginario ciudadano, de gestación o derrota de proyectos de país.
Y este es un momento particular. Porque desde el punto de vista político, económico y social, se intenta superar una etapa. Pero la cultura predominante, esa especie de sentido común instalado, proviene, por inercia, de ese momento que se quiere superar. Es difícil encontrar nuevas formas de hacer política con el mismo pensamiento que sostenía a la que se hacía antes. En general es difícil cambiar si no se cambia también la forma de pensar.
Hay síntomas de algunos cambios. Antes, cuando un economista del CEMA recitaba su manual esquemático sobre las bondades del mercado, generaba subordinación y respeto. Pero ahora, para la mayoría, ese discurso aparece como un cuento para niños despegado de la realidad. Muchos que votaron a Menem en el pasado ahora se espantan por haberlo hecho y no se explican cómo pudieron hacerlo.
El escenario de una estrategia cultural es el de confrontación con una cultura que fue hegemónica en los últimos treinta años, es abrir espacios y dar oxígeno a nuevas ideas, a nuevas formas de expresión o a formas que estuvieron relegadas o abrir las formas tradicionales a estas nuevas propuestas. Y no se trata de prioridades, porque la única forma de desarrollar las propuestas sociales es reemplazar al mismo tiempo esa trama compleja de actitudes, modos y valores para que esas acciones sean asumidas por la sociedad como una necesidad y no como un despilfarro, como profesa el neoliberalismo.

Luis Bruschtein. Página 12. 18/06/2004

de gigantes

Cuando ya se oscurecía, los tigres se comían a las gentes. Y en este sol vivían los gigantes.
Decían los viejos, que los gigantes así se saludaban: "no se caiga usted", porque quien se caía, se caía para siempre.

fragmento de "Los soles o edades que han existido"
Literatura en Lengua Náhuatl,
versión de Miguel León Portilla

El oro del azur

El oro del azur

Joan Miró

Eroticortázar

La profusión de pasajes eróticos y de reflexiones sobre la forma de escribirlos que contiene la obra de Julio Cortázar pone por sí sola en evidencia la importancia que el autor de Rayuela le acordaba al tema. Se ve enseguida que Cortázar no es de esos escritores que cierran pudorosamente la puerta cuando sus personajes entran en la alcoba. Rechaza esa rancia técnica de tácitos puntos suspensivos y de guiñadas de ojo al lector, que en el fondo pretende establecer una boba complicidad de silencio, como diciéndole :"Bueno, usted y yo ya sabemos lo que va a pasar". O sea: todos los amantes hacen lo mismo en la cama. Cortázar sabía que "no todos hacemos lo mismo", sino que, precisamente, "ninguno hace lo mismo". Pero su mirada no es la del voyeur, la del mirón tras del ojo de la cerradura, sino la del voyant, la del vidente, que cierra los ojos para poder ver mejor.

En realidad, muchos escritores dan por sobreentendidas las escenas amatorias porque son incapaces de escribirlas, ya sea por prejuicios o por insuficiencia de medios literarios. Cortázar rompe ambas barreras. La primera tomando el toro del erotismo por las astas, clavándole banderillas en plena cerviz, y toreándolo hasta agotarlo, sin miedo a exponerse personalmente. La segunda, superando la desventaja en que –decía- se hallaba en esa materia la prosa (la cultura) del mundo hispanoparlante por los años 60: "... entre nosotros el subdesarrollo de la expresión lingüística en lo que toca a la líbido vuelve casi siempre pornografía toda materia erótica extrema ( ... ) El miedo sigue desviando la aguja de nuestros compases; en toda mi obra no he sido capaz de escribir ni una sola vez la palabra concha, que por lo menos en dos ocasiones me hizo más falta que los cigarrillos". ("Último round", 1969.) Y cuando Cortázar no encuentra las palabras para los juegos sensuales, las inventa con genialidad, como en el capítulo 68 de Rayuela, escrito íntegramente en glíglico, el idioma que inventan Horacio y la Maga:

"Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimalo quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas filulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgunio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolarnas de argutendídas gasas, en carínías casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias".

En "Libro de Manuel" (1973), Marcos, en la cama con la polaquita Ludinilla, parece hablar por Cortázar: "... por ahí en novelas uruguayas, peruanas o bonaerenses muy revolucionarias de tema para afuera leés por ejemplo que una muchacha tenía una vulva velluda, como si esa palabra pudiera pronunciarse o hasta pensarse sin aceptar al mismo tiempo el sistema por el lado de adentro ..... pero si llega el caso vos a esto lo llamás pelotas o huevos y se acabó, no es ni peor ni mejor que testículos " y nosotros cojemos, vos y yo cojemos, cuando leo por ahí que la gente se acopla o copula me pregunto si es la misma gente o si tiene privilegios especiales ......"

Sin embargo, Cortázar sólo utiliza ese lenguaje allí donde se habla de asuntos eróticos, reservando para los pasajes en que el acto se consuma una poética alusiva, minada de expresiones directas, pero siempre bien medidas, nunca vulgares. Con las mismas palabras -ordenadas de otra forma- se podrían escribir frases obscenas, pero la mixtura, el cóctel cortazariano, son tan cuidadosos que no los vemos, no los oímos.

"... no, así no, le oí repetir, no quiero así, por favor, sintiendo mi pierna que le ceñía los muslos, liberando las manos para apartarle las nalgas, y ver de lleno el trigo oscuro, el diminuto botón dorado que se apretaba..." (Libro de Manuel).

Si Cortázar se plantea el problema del lenguaje erótico, es porque lo necesita para otra cosa que para describir poses y movimientos. Es la dimensión metafísica, trascendente, del acto sexual, la que en definitiva le interesa. Como Georges Bataille -citas del cual encabezan varios de sus textos-, Cortázar le acuerda a la unión de los cuerpos la dignidad de una ceremonia lustral: ... entonces la única posibilidad de encuentro estaba en que Horacio la matara en el amor, donde ella podía conseguir encontrarse con él, en el cielo de los cuartos de hotel se enfrentaban iguales y desnudos y allí podía consumarse la resurrección del fénix después que él la hubiera estrangulado deliciosamente, dejándole caer un hilo de baba en la boca abierta, mirándola extático como si empezara a reconocerla, a hacerla de verdad, suya, a traerla de su lado" (Rayuela, cap. 5).

Prueba de la prioridad que Cortázar asigna a la dimensión metafísica del acto sexual respecto de la sensación física es el célebre capítulo 41 de Rayuela: Horacio y Traveler, los dos amigos separados por el abismo que se abre ante sus respectivas ventanas, tienden cada uno un tablón, que sostienen entre sus piernas, para que Talita, la mujer de Traveler, deseada por Horacio, pase de una pieza a la otra. La posibilidad de "pasar al otro lado" por la vía erótica, no requiere para Cortázar de ninguna escena sexual. Le basta la imagen de esa mujer que, a caballo sobre el tablón, avanza "apoyando las dos manos y levantando la grupa hasta posarla un poco más adelante".

Pero el erotismo puro florece también en los textos de Cortázar, en páginas que, de no contar con su sensibilidad, pasarían a ser simple pornografía. Es el caso de "Siestas" (un relato inspirado en los cuadros de Paul Delvaux) y sobre todo de "Ciclismo en Grignan" (ambos en último round) donde, mientras conversa con dos amigas en una plaza, una adolescente se masturba (¿in-conscientemente?) per angostam viam con el asiento de su bicicleta. "Una y otra vez la gruesa punta negra se insertaba entre las dos mitades del joven durazno amarillo, lo hendía hasta donde la elasticidad de la tela la dejaba, volvía a salir, recomenzaba..."

La elegancia y la fuerza con que Cortázar construye sus textos eróticos lo erigen en maestro en la materia en nuestra lengua. Para él, podemos suponerlo, el erotismo era, como para George Perros, la manera de darle al cuerpo las calidades del espíritu".

Nota de Carlos Zito, 01-11-94
publicada en wwww.lamaga.com.ar

otrasmismaspersistencias

“- Yo... Yo no sé lo que es esto.
- ¿Lo que es, qué?
- Esto... Lo que nos pasa... Que tú estés aquí, muerta, y que podamos hablar, tocarnos... No entiendo cómo está ocurriendo, ni por qué...”

José Sanchis Sinisterra
en "Ay, Carmela"

Persistencia de la memoria

Persistencia de la memoria

Salvador Dalí

primera aparición

Que la ausencia esta va contra mis principios, sabedlo.
He decidido instaurar este espacio (de notas pasthelares) para habitar estas "páginas" de un modo más cercano (es decir, más allá del umbral de la puerta) (Para al menos poder contar por qué el vacío, de repente y brevemente) porque se hace difícil, sino, andar cumpliendo deberes no adquiridos.

Estoy en épocas de exámenes, qué se le va a hacer...

Balcón

Balcón

Esa noche comimos y bebimos poco. Después fui con el anciano hasta la cama de la hija y enseguida él salió de la habitación. Ella no había dicho ni una palabra; pero apenas se fue el anciano miró hacia la puerta que daba al vacío y me dijo:
—¿Vio cómo se nos fue?
—¡Pero señorita! Un balcón que se cae...
—Él no se cayó. Él se tiró.
—Bueno, pero...
—No sólo yo lo quería a él; yo estoy segura de que él también me quería a mí; él me lo había demostrado.

Yo bajé la cabeza. Me sentía complicado en un acto de responsabilidad para el cual no estaba preparado. Ella había empezado a volcarme su alma y yo no sabía cómo recibirla ni qué hacer con ella.
Ahora la pobre muchacha estaba diciendo:
—Yo tuve la culpa de todo. Él se puso celoso la noche que yo fui a su habitación.
—¿Quién?
—¿Y quién va a ser? El balcón, mi balcón.

Tomado de «El balcón», en Nadie encendía las lámparas (1947)
Felisberto Hernández

un antecronopio

"Hoy fui a la casa de una joven que se llama Irene. Cuando la visita terminó me encontré con una nueva calidad de misterio. Siempre pensé que el misterio era negro. Hoy me encontré con un misterio blanco. Éste se diferenciaba del otro en que el otro tentaba a destruirlo y éste no tentaba a nada: uno se encontraba envuelto en él y no le importaba nada más."

Felisberto Hernández

.-.-.

Sólo cuando se piensa mucho mas locamente que los filósofos se pueden resolver sus problemas.

Wittgenstein

-.-.-.-

La pasión: única justificación de la vida y del arte y única condición en la que hay una felicidad posible.

Macedonio Fernandez

Tu más profunda piel

Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía -sábelo, allí donde estés- es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa, en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.
No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacia de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.
Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste " Me da pena, y yo no comprendí porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caída desde lo alto o lo hondo, jinete o potro arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines en mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor y la vergüenza, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.
Dijiste "Me da pena, sabes", y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar un último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo como poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.
Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, sé que una boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego. No eras sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y sólo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.

en Último round
Julio Cortázar

Creía yo

No a todo alcanza Amor, pues que no puedo
romper el gajo con que Muerte toca.
Mas poco Muerte puede
si en corazón de Amor su miedo muere.
Mas poco Muerte puede, pues no puede
entrar su miedo en pecho donde Amor.
Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.

Macedonio Fernandez

... .

Corroído por lo insoñado
el país del pan recorrido en insomnio
hace emerger el monte de la vida.

Con su miga
amasas de nuevo nuestros nombres,
esos que yo, con un ojo
igual
al tuyo en cada dedo,
voy tanteando
en busca de un lugar por donde
desvelarme hacia ti, con la
clara
candela del hambre en la boca.

de Cristal de Aliento 1965
Paul Celan

...

A través de los rápidos de la melancolía

pasando junto al

espejo pulido de las heridas:

por allí son conducidos a flote los cuarenta

árboles descortezados de la vida.

Tú, la única nadadora contra-

corriente,

los cuentas, los tocas

todos.

de Cristal de aliento
Paul Celán