



Soy niña ñoña: cuando él deja de jugar, lloro.
(Así: yo me pongo zapatos de fiesta, peino trenzas nuevas y espero en la vereda. Entonces él me llama y voy, y acepto las reglas -siempre acepté-. Pero está tan enamorado de sus juguetes, encerrado entre sus paredes que, si jugamos a la escondida, cuando termina de contar, me olvida en el escondite.)
De todos los hombres a los que amé de modos complicados, me quedé con sus segundas lumbares. Los hombres prohibidos tienen ese estigma que me ratifica: mi mano, ahí, cabe perfecta.
ce u a ene de o
ese a eme o ese
a u te o ese u ese
te ene te a be ele e ese
-cuadraditos-
no sí no sí sí no sí
sí no sí sí sí no
no sí
yo toco las teclas
impares
desordenadas
y escruto.
Amores bárbaros:
...Las mujeres se introducen un pez vivo en su sexo, lo mantienen en él hasta que esté muerto y, después de cocerlo o asarlo, lo dan a comer a su marido para que arda aún más por ellas...
Le Goff y Truong
Una Historia del Cuerpo en la Edad Media
Es raro.
El pez volador me mira dormir
cuando cierro la puerta.
¿Usted qué interpreta?

“El cuerpo sin órganos es deseo, él y gracias a él se desea”
Gilles Deleuze – Félix Guattari / Mil mesetas
Ese pez azul escolta la historia
de mi último nacimiento.
De cuando fui transgénica
amorfa
cósmica
cuando nací
con cuatro ojos
dos sexos
cuatro pies
morir
fue a veces
disipar los bordes
(así había sido
-al menos-
cuando ella.)
no es
(ahora)
culto a mis lecturas
que amarte sea
no sentirlos.
Fue necesario el puré de frutos rojos sobre las sábanas blancas blanquísimas. Fue necesario en el sueño y en la cama, el puré. Una carta prudente desde el otro lado del llanto, desde el otro lado del mar, desde el otro lado de mí. Quién sabe si lo sabíamos. No sé si lo sabíamos (ni si quiera el saber de sabor, de probar), yo jugaba escondida entre las letras y perdía relojes.
Suponíanse grandes desterradores a los costados de mi lengua
infinitos seres demoníacos
habitando el filo de la última barrera
coartando
todos
sus derechos
toda posible escucha
declamación
o relectura
Sin embargo
él deglutía mi idioma (antes de irse)
con su idioma.
Primero el sueño vacío, el incendio y los icebergs.
Después el ahora, y 23 de abril 10 a.m.
Lo traduzco en ficción literaria para conjurarlo, pero yo sé: la va a matar.

Pensar la imagen de una calle de París que se me acerca y llueve, de a pedazos, toda la distancia en el espacio ese. Tenerla tan tan húmeda como para creerla casi recién, y sin embargo estar en el edificio más opuesto. Correr sin paraguas bajo la lluvia, con una amiga especial, saliendo del supermercado.
roza, un tubérculo, el hoyo en la tierra
va a empezar el rito del peligro encarnado
la amenaza limítrofe
desde las trincheras
su inminencia dilecta:
el cuerpo de concentración
indecible
hecho de previstas muertes concentradas
del estertor orgásmico del cuerpo
inefable
del climax o la asfixia
de la shoah nocturna
con sus pornografías
con sus suturas
temporales
la piel:
un envión permeable
apenas una ficción
de concordancia:
somos siempre siendo
a veces
o paraíso.
mito cíclico del espíritu impostergable
perdé la llave
(por esta vez)
ausenciá la cifra mítica
volver de una fiesta y no querer sacarse la ropa
para prolongar el momento del exceso, o volvery que la fiesta sea, justamente, sacarse la fiesta
de la ropa (y también la ropa) autorizándosela al
cuerpo para la celebración de los excesos en la
cama-Marte.
Quería una peste de olvido.
A veces, yo también.
Él descubrió un Aleph en mi cuello.
Volátil.
Restricción sub-terránea / sub-cutánea.
Pertinencia de los árboles si llueve.
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