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Boca. Ahora tengo epidemia de bocas, más carnal. Abandono (suspendo) la humedad de la lengua y sus equivalencias de familia. Ahora me persigue una boca. Lengua-cuerpo-miedo, me dejaron dormir por un instante.
¿Con qué espera escribo, esta vez?
Viento casi isla
noche de sirenas y cantos ignorados
habrá un cuerpo
una puerta
en Tebas
esperando.
Alguien balbucea
-al costado-
lenguas privadas
y me falta
acá
*
No. El episodio no comienza en un lugar desconocido. Se conoce el cuerpo (se adivina, más bien). La cama es distinta, pero ellos son los mismos. El chocolate derretido. La gallina reina. Todavía no saben el deseo, ingenuos, todavía. Después serán museo de un eros naïf en el barrio inglés.
*
Me desdoblo, siempre cuco, infinita hasta la médula. Ahora no sé si soy la del diario de viajes o la del cahier de théâtre o de cartas o de sueños. ¿A cuál escribo cada vez? ¿Por qué separo las hojas? ¿Cuál soy en qué momento que la del diario no es autora de obras de teatro y la otra crea espacios y escenas pero no las escribe? ¿Por qué me escribo en tantos lugares? ¿Soy, en cada cuaderno, una otra? ¿Cuando llegará el día en el que pueda ser de corrido y sin interrupciones ni las urgencias del tiempo? Y si nace acá, la escena, después, ¿Qué hago ?
Si hay viento fuerte, esas cosas, se escriben en bitácora. (Quizás, con, el tiempo, aprenda a ser todas al unísono)
Mácula o cruz. Pictórica o táctil. Cargo con cada uno de los pedazos descartados de la piedra virgen, también. ¿Debo conservarlos en relicarios o vitrinas de honor, o debo jeter ça à la poubelle ? ¿cuál es, entonces, la que queda?
Preguntarme todos los días, acosarme a preguntas, intentar respuestas, qué hacer con cada resto, qué hacer con la obra y su apogeo, hasta dónde cargar las manos del creador. Saber un límite de la paciencia sin convertirme en triste araña. Saber un « basta » de la tolerancia sin llegar (sin permitirle llevarme) a ser la piedra ys us inviernos irreversibles.
Y ¿entonces? No llegar, no llegar a ningún lado nunca (en un nunca que se extiende unos meses, solamente) o, peor, llegar a un lugar que no era mío (ya habia dicho). Esta es la de la persistencia. Miedo otra vez. Me falta encontrar una buena excusa para abolirla sin que me de cuenta. Saltar el muro (o asomarme) para ver qué habita al otro lado de estas certezas tan enclenques.
Amar, temer partir.
Amar, temer, partir.
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