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Entre las palabras; un espacio virgen y habitable. Elegimos el silencio y el derrumbe de las paredes, allí, por falta de uso. ¿Habitantes? Elegimos la intemperie de las calles donde nadie habita ni cohabita. Elegimos la soledad de las chambres d’hotel e ignoramos (por miedo) el espacio-tiempo que aún aguarda intacto su fecundación.
El parto donde no podía.
(Él parió donde no debía.)
II
Se vió aparecer el cuerpo escrito–la escritura cuerpo. Se vió el tintero y la piel manchada-goteada-tatuada-rasgada-marcada a tajos y destajo (se impregna y fluye la tinta-sangre escribiendo el tiempo de cada voz en toda piel) desmoronarse en la trampa (nada puede ser inofensivo). Luego, vamos cayendo en gajos, papiros de un jeroglífico indescifrable.
...La peau, les galbes, les ombres et volumes, tout ce qui, le cas échéant, fait la beauté d'un corps nu et le rend désirable, ne forme plus désormais qu'un paravent, un rideau interposé entre la concupiscence portée à ce niveau extraordinaire et l'objet dont elle ne saurait plus jouir qu'en le depeçant.
Pascal Lainé
le gusta decirse así, siempre en el «casi»
aún no nacida o con sus mil nacimientos
dando un paso al umbral, en riesgo de vida
(la divierte el arribo, no hay previa partida)
« siempre como partiendo » diría, más bien, yo:
inasibles ella y la grieta.
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